martes, 24 de abril de 2012


Ese sentimiento de furia y prepotencia cuando le volvió a ver y esas ganas de dejarle marcada la palma de su mano disminuyerom. Algo pasó, que cambió el pesar de sus ideas, de repente se miraron a los ojos y entre un gran impulso los dos se besaron con pasión, por un momento volvieron a recordar los viejos tiempos, volvieron a estar locos de placer el uno por el otro. Y sin más, abrieron la puerta del portal de un calentón, el  agarró con cuidado su cintura, ella se agarró a su cuello, y a partir de ahí empezaron un nuevo recorrido por sus cuerpos, por cada uno de sus lunares, por cada una de sus curvaturas. Su corazón no latía tan deprisa desde hacía una eternidad. Los dos disfrutaron con placer, los dos quedaron satisfechos y se fundieron en uno.  Déjate llevar, susurro .

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